Naci en un pequeño cuarto. Donde señores de blanco agarraban mi cabeza, y no sabia como se movian mis pies. Y no sabia cómo era él.
El mundo aquella vez.
No lo sabía, todavía no entendía.
No, no lo sabía. Tanto tiempo adentro, dormía.
No, no lo entendia.
Tantas veces y sabía, que solo yo. Lo entendería.
Lo comprendería.
Y al final.
Lo sabría.
Siempre fue la misma, razón de ser, razón de ver.
Ya lo sabía, ya lo sabían, ya lo sabías.
Lo entendes, y esta vez vas a volver a ver.
Luna en pétalo, y Dios es ajedrez.
Luna al mar, y Dios está en dos pez.
Luna dios, te encuentro a vos.
Luna y tu voz, que canta en mi interior.
Y vos, querida del sol, arruinaste el amor.
Que nació. Y que murió.
Por falta de mar.
No sabía decir nada y no es cuestión de estar alejada, por la misma razón de preguntarme, mi vida que es?
Y no saltes al otro lado. Cuando mueras estarás a sus brazos.
Y la tierra húmeda. No queda salida, que esperar.
Esperar.
A que muera el sol, y vos.
Esperar.
A que muera el sol.
Esperar.
A que mueras vos.
Y lograr.
Que muera yo.
Yo...
Eterno adiós.
Por Agustín López.
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